Allá voy…

No me gusta ir de compras. Detesto los centros comerciales. Pero a pesar de eso, fue justo un día de compras el que me guio hacia el trabajo con perros. ¿Cómo? Estarán preguntando. Esta es la historia de mi vida…

Mi nombre es Martina y soy checa. Estudié traducción en Praga, en el mismo corazón del centro histórico de la ciudad, en la facultad que se encontraba a unos 300 metros de uno de los centros comerciales más grandes de Praga. Un día me tocó entrar ahí, a ese sitio donde luego de 7 años sigo perdiéndome, donde todas las escaleras mecánicas suben y ninguna baja y donde hay que dar mil vueltas para encontrar lo que estamos buscando. Salí de la universidad ya toda fastidiada y disgustada, pero apenas me acerqué, todo giró en 180 grados. Enfrente del centro comercial había un stand y varios perros alrededor. Vi una demostración del trabajo de los perros de asistencia y una presentación de la asociación que se dedicaba a ese hermoso trabajo. Me quedé ahí observando un buen rato. Me fui con los ojos brillantes de emoción y alegría. Me había olvidado del estrés de las compras. Total, cuando llegué a casa ese día, entré al Internet para buscar más información sobre esa asociación. Me emocionó tanto lo que hacían que decidí contactarme con ellos para ver si podía ayudarles de alguna manera, apoyarlos como la traductora que iba a ser o con cualquier otra actividad voluntaria. A los dos días me encontraba en su oficina conversando con la coordinadora de los voluntarios. Aparte del voluntariado me ofreció formar parte de su equipo como familia de acogida de alguno de los cachorros que iban a entrar en esa época. Lo consulté con mis compañeros del departamento y todos se mostraron muy entusiasmados por la idea. Acepté. Y así es como llegué a conocerla a mi bebé Fany.

Fue un viernes que fui a recogerla, me acuerdo clarito. Ahí estaba, una labradora de ocho meses, negra como la noche. Fue amor a primera vista. En cuestión de minutos arreglamos todo lo que fue el papeleo y en menos de media hora salíamos por la puerta, rumbo a la nueva casa de Fany. Justo para ese fin de semana me tocaba bajar a la casa de mi mamá, y pues con menuda sorpresa se dieron tanto ella como mi hermana. Felizmente les pasó lo mismo que me había pasado a mí horas antes: se enamoraron de esa carita tan tierna, de sus ojitos marrones y su colita que no paraba de moverse. Así fue cómo empezó nuestra aventura. Los tres días en la casa nos sirvieron para conocernos, para vincularnos, para acostumbrarnos una a la otra. También paseamos rico por los campos, jugamos en el jardín, Fany se echó al riachuelo… Solo un par de días nos fue suficiente como para que llegáramos a ser las mejores amigas. De vuelta a Praga, Fany conoció a nuestros compañeros del departamento y en pocos días ya iban a empezar las clases en la U.

La situación en mi país es bastante más avanzada en lo que a perros se refiere. Somos una nación de amantes de perros, y los comercios no se complican mucho con restringir el acceso de los perros, y menos si el perro tiene su chaleco de perro de asistencia, por mucho que esté en entrenamiento. Así me fue posible llevármela literalmente a todos lados: a la universidad donde absolutamente todos (desde la señora portera, la secretaria, hasta los más capos de los profesores que tenían fama de indiferentes) se derritieron ante la ternura de Fany, a los supermercados, al zoológico, de paseo, sobra mencionar el transporte público. Así la perra se iba aprendiendo, socializándose y habituándose a todo estímulo nuevo.

A unos meses apareció la futura dueña de Fany – una niña de 6 años con parálisis cerebral que caminaba con muchas dificultades y cuyo nivel tanto emocional como cognitivo era de una niña de apenas 2 años. Ahí fue que nuestro trabajo que veníamos haciendo cobró una forma bien concreta. Se diseñó un plan de entrenamiento hecho a medida de la niña y sus necesidades. Sin embargo, como todos de los entrenadores de perros de asistencia profesionales estaban todavía ocupados con los adiestramientos de los demás perros que ya se tenían que entregar, me tocó a mí avanzar con Fany por mientras. Parar y sentarse en el borde de las veredas, cobrar y entregar objetos, abrir puertas, quitar medias, quedarse quieta mientras la niña calienta sus piernitas, calmarla cuando le da una crisis, esas eran algunas de nuestras tareas por avanzar. Y pues poquito a poco íbamos mejorando, hasta que una de las adiestradoras entregó a uno de los perros ya preparados y se pudo ocupar de Fany.

El día de entregarla se estaba acercando a pasos gigantes hasta que un día nos tocó despedirnos. No solo mi hermana lloró un mar de lágrimas, fuimos todos los que nos terminamos encariñando con ella que sufrimos. Pero así fue el trato. Desde el comienzo todos sabíamos que esta historia tenía su final, que no había que agarrarle mucho cariño porque de un día para otro, Fany no iba a estar. Pero ni modo. Con la carita que ponía cuando se sentía culpable, con lo juguetona que era o con lo rápido que aprendía. Terminó enamorándonos a todos. Pero luego de casi un año que había pasado con ella prácticamente 24 horas de los 7 días de la semana sí me tocó entregarla a las manos de la entrenadora de perros de asistencia. Fui a la misma oficina donde me la habían entregado ellos. Y de un minuto a otro, desaparecí de la vida de Fany. Sin embargo, fue el momento perfecto porque yo ya tenía todo listo para irme de intercambio al Perú, a seguir con otra aventura. Sabía que al regreso quería volver a pasar por este proceso, pero el destino es que baraja las cartas y por cosas de la vida terminé viviendo en Lima. Pero apenas me establecí acá, me puse a buscar si es que hay alguna organización que hace algo por ese estilo. Y así fue cómo conocí a Bocalán. Pero esa ya es otra historia…

Y falta todavía lo más importante: ¿qué me dio toda esta experiencia? Conocí a gente maravillosa, desinteresada, que ama lo que hace y lo hace bien. Me conocí a mí misma. Aprendí mucho de los perros, de su adiestramiento y su vida de día a día. Apoyé una buena causa, y lo mejor es que lo pude hacer divirtiéndome. Me tocó a mí ser quien muestra el trabajo con los perros en las presentaciones de la asociación. Y pude aportar con mi granito de arena a mejorar el mundo, aunque sea de una sola persona. Y si me preguntan: ¿lo volverías a hacer? Yo digo: allá voy.

P.D. Las cosas no se dieron tan bien como se esperaba y la niña nunca se acostumbró a la presencia de la perra en su familia; cosa que Fany regresó a la asociación. No obstante, al momento le encontraron otra familia donde puede ayudar y ahora es una buenísima perra de terapia en una casa de reposo. Acompaña a su dueña, terapeuta ocupacional, al trabajo todos los días y le ayuda en las terapias, y además sirve de soporte emocional para todos los integrantes de la casa.

Fotos: Pestra

Publicado por Bocalán Perú Animales que Transforman Vidas

Bocalán Perú, sede de Fundación Bocalán España, con mas de 20 años de experiencia a nivel internacional y sedes en mas de 10 países, es una asociación sin fines de lucro dedicada a ayudar y acompañar a las personas en su salud y bienestar integral. En base a la experiencia y labor cotidiana podemos asegurar la gran ayuda que dan los animales y la naturaleza para mejorar la calidad de vida de las personas. Así mismo, la Asociación tiene como visión y propósito apoyar a las personas con discapacidades de nuestro país con la finalidad de que ellas logren una mayor autonomía e independencia personal mediante la terapia asistida con animales y los perros de asistencia. Bocalán Perú se especializa en el área de capacitación en las especialidades de Intervenciones asistidas con Animales. Terapia & Educación, Psicología y Psicoterapia asistida con Animales, Perros de Asistencia y en Comportamiento Animal. Todos nuestros cursos son con certificación internacional a nombre de Fundación Bocalán España y Bocalán Perú. Bocalán Perú está conformado por un equipo de profesionales especializados en salud humana y terapia asistida con animales: psicólogos, educadores en educación especial, terapeutas de lenguaje, fisioterapeutas, encargados de realizar una atención personalizada para cada persona que así lo requiera. Cuenta también con la participación de profesionales veterinarios, entrenadores e instructores especializados en perros de asistencia y comportamiento animal. Además de la participación de profesionales voluntarios de diversas especialidades.

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